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xàbia jazz 2008

 

Hagan click sobre la foto y ... ¡VAYAN!

Ya verán qué bien se lo pasan.

castellón brutto

Reproducimos por su interés una noticia aparecida el día 23 de julio de 2008 en el diario Levante-EMV para que se rían a gusto y disfruten mientras se toman un tinto de verano en la playuki conectados a la wifi. Dice así:

"Sustraen 11 cámaras de vigilancia de la recién inaugurada cárcel de Albocàsser.
Los aparatos estaban instalados en dos módulos del centro aunque aún no funcionaban.

Once cámaras de vigilancia instaladas en dos módulos de la recién inaugurada cárcel de Albocàsser fueron sustraídas a principios de este més de julio, según fuentes conocedoras del caso (Mortadelo y Filemón, Anacleto o el Superagente 86 tal vez?) [...]
Fuentes de la Secretaria de Instituciones Penitenciarias, ante la insistencia de esta redacción, apuntaron ayer que tenían algún conocimiento de que "ha debido desaparecer" este material pero en cualquier caso se desvincularon de cualquier tipo de responsabilidad y la trasladaron a la empresa encargada del equipamiento.
Este singular robo se produjo apenas dos semanas después de que el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, inaugurara las instalaciones y que destacara paradójicamente, que el centro está dotado de "todos los medios para garantizar la seguridad y para el progreso social" (JAJAJAJAJAJA)

¿Qué les parese, amigos? ¿No es chistoso?

Así es el verano en las tierras altas del Maestrat Castellonero. Así es nuestra gente. Que uds. lo pasen bien y tengan buen verano.




Peppermint Frappé: una historia desasosegante con hielo picado

Con motivo de la nosecuántas edición de Cinema Jove en Valencia, se proyectó el pasado día 23 de junio, en el Instituto Francés, la película de Carlos Saura, Peppermint Frappé.

El certámen dedica un ciclo este año al Festival de Cannes de 1968, que se suspendió con motivo de la huelga general de Mayo del 68. PF aspiraba al palmarés como una película renovadora, moderna, de vocación internacional (la protagonista, Geraldine Chaplin) y con un grande, grandísimo de la escena española: José Luis López Vázquez (en adelante JLLV) pero en fin, las cosas son como son, y Saura fue a competir con otras pelis, no contra los elementos.

 

Los organizadores del festival han tenido la (excelente) idea de proyectar una selección de aquellas películas que se quedaron sin su minuto de gloria. Hay pelis húngaras, checoslovacas, británicas, mucha estética retrofuturista y  mucha temática marxista.

Pero hoy vamos a hablar de Pippermint Frappé (PF) que es la que a nosotros nos gusta. PF no es un alegato revolucionario que ponga a caer de un burro al franquismo. Tampoco es un coñazo de esos en que toda la peli se la pasan votando si hacen huelga o no, aunque bueno, un poco rara, sí es.

En realidad es una rayada como las del Santi Segura o Alex de la Iglesia, pero más en la onda de las pinturas negras de Goya, pasando por los crímenes del Jarabo y las envenenadoras de València  todos juntos en una reunión familiar de los Agag.

PF es una peli de mal rollo. A nosotros, espectadores hiperinformados de la era digital y las descargas gratuitas, no nos puede sorprender como sorprendió a nuestros srs. padres, si la vieron en su día. Pero tiene su cosa y su aquel.

 

Aquí les cuento la peli entera:

 

JLLV es un médico de Cuenca, que ejerce su profesión tranquilamente, sin sobresaltos, en un entorno que es el ideal para desarrollar psicopatías. En la propia consulta dispone de un altarcito con imágenes de la Virgen y un par de  santos, a los que venera tras pasar consulta, mientras se toma un peppermint.

Su enfermera, Ana, es una Geraldine Chaplin feuchilla y sosa que se estira la falda cuando se sienta para que no se le vean las rodillas y usa rebequita.

Para ilustrar este ambiente decadente y endogámico, Saura plantó como beseó el coro de niños de la Escolanía del Misteri d’Elx, un drama medieval de agárrate y no te menees.

 

En medio de este ambientazo otoñal y bucólico, aparece Pablo, un amigo de la infancia del prota, que llega con un Chevrolet Corvette americano de importación, y una novia rubia también de importación, que es la misma Geraldine Chaplin, pero haciendo de guapa y descocada chica ye-ye. A todos les gusta el peppermint..

 

Como no podía ser de otra manera, JLLV se enamora perdidamente de la novia de su amigo y los invita a pasar con ellos un finde en su casa de campo.

La casa de campo, se la pueden imaginar: es como la de la matanza de Texas, pero sin plumas, junto a un antiguo balneario abandonado donde los dos amigos fueron felices de niños. JLLV es aficionado a la fotografía y disimuladamente le hace un buen montón de fotos a la chica con una Hasselblad como en la peli de Antonioni. El provinciano doctor intima cada vez más con la novia del amigo, y cuando vuelve a la consulta y revela las fotos, se da cuenta del parecido entre su enfermera y su amada. Subrepticiamente, el doctor empieza a sugerir a la enfermera, que cambie sus vestidos, que cambie su peinado, en fin… la eterna historia del objeto de deseo modelado a gusto del amante y que ya nos va indicando el tipo de chalao que es el doctor este.

 

La chica, como es una boba, pues se deja hacer, ya que el señorito es tan bueno y educado… e incluso se le ofrece sesuarlmente, después de apretarse un buen par de peppermints, pero el otro le dice que no, que está cansao. Esto debía de chocar mucho en la época, que un tío como JLLV le diga que no a una enfermera en canesú que fuma voluptuosamente en un diván, entre aparatos de XR, paredes con papel pintado y cortinas de estampado austrohúngaro.

 

Cuando el amigo se entera de que el chico tiene un affaire con la enfermera, le convence para pasar otro weekend, esta vez los cuatro juntos, con musiquita, bebidas y de buen rollo. Como en aquella época no había efectos especiales digitales, el director evita que aparezcan las dos chicas en una misma escena. 

Así que se masca la tragedia a ritmo de los Canarios, con una GC totalmente desbocada que baila frenética una y otra vez una canción del mítico grupo de soul hispano (uds. conocen de sobra a su frontman: Teddy Bautista, actual capitoste de la SGAE)

Mientras esperan en el chalecito la llegada de la enfermera, que como es pobre, viene en autobús, Pablo el dandy y su novia rubia se trajinan unos cuantos peppermints bajo la atenta mirada de JLLV que ya está totalmente desquiciado. Mientras bailan una y otra vez el tema de los Canarios (“He comprado unos discos de baile” dice el nerd JLLV) el prota los observa excitado. De repente, la pareja se desploma: BLOM!!

 

Exterior. Día. Vemos a JLLV cargando en el coche a la pareja (suponemos que muerta) para despeñarlos por un barranco simulando un accidente. En el último momento, el prota se da cuenta de que con el trajín, al amigo se le ha caído un zapato, con lo comprometedor que eso puede llegar a ser.

De vuelta al chalet, se encuentra con el fuego de la chimenea encendido, y el zapato ardiendo en medio de la hoguera.

 

Exterior. Día. Plano general del chalet de autos. En una de las ventanas de los pisos de arriba se ve asomada la figura de Ana, la enfermera…

KONIEC

 

 

Como verán, la sinopsis es la misma que la de un montón de pelis que uds. habrán visto. Así que ¿qué gracia tiene esta?

Pues primero, que es española, y del 1967. ¿Y eso que significa? Pues que había un montón de cosas que en SPA no se podían decir ni hacer, pero que en Europa estaban a la orden del día. Carlos Saura utiliza los recursos y el contexto que tiene a más a mano para dar su visión, una visión castiza y oscura, de como se vivía la cosa del pop bajo la lente deforme del franquismo.

 

Segundo: la peli se estrenó en Cannes en el año fatídico de 1968. Como todos uds. saben, ese año fue un año de agitación y activismo político del que no se libró ni el prestigioso festival de cine. Piquetes airados irrumpieron en la sala donde se exhibían las pelis y obligaron a suspender las proyecciones en beneficio de la clase obrera. Hasta el mismísimo Truffaut se llevó una hostia inmortalizada en una foto por parte de un manifestante. Saura quiso reflejar este especial momento de excitación política en la escena de la peluquería, en que una clienta está leyendo  la revista Blanco y Negro y en portada pone “MAO!”

 

Tercera: la modernización que asolaba Europa, la rebeldía de la juventud, los nuevos códigos de conducta y de expresión, también tenían su versión española. La exhibición cultureta con diseño minimalista que adoramos en The Knack, u otras muestras del free cinema inglés (eeeeh, esas nos gustan y no nos quejamos ¿se dan cuen?), tienen su correlato hispano en la escena del Museo Colección de Arte Abstracto Español de Cuenca, verdadero alarde de modernidad celtibérica: pisos de parquet, ángulos rectos blancos, personas bien vestidas... aunque sin perder ese guiño tan bruto y gracioso del español de a pie, que desconfía del arte abstracto, porque en el fondo le da risa: durante su visita al museo, los protas miran absortos un horrible cuadro pintado a base de brochazos negros. Su título: Briggitte Bardot. ¿Lo pillan?

 

Resumiendo: esta peli está muy bien para verla y comentarla con gente así, para hablar, y tal. Pero para vérsela un sábado por la noche, en plan pajero, pensando que se va uno a tronchar con el ídolo JLLV y las suecas, eso ni de coña. Hay que ser justos y ubicar esta película en la categoría que le corresponde: Pippermint Frappé es una de las primeras aproximaciones españolas al nuevo cine europeo de los 60. A la Nouvelle Vague, Jean Luc Godard, Richard Lester, el Polanski, Truffaut... y lo hace muy dignamente pero sólo como apuntando que aquí también nos enterábamos de esas cosas, que no éramos tan paletos. El verdadero intríngulis de la película es el análisis del personaje magistal que borda José Luis López Vázquez. Es, sencillamente, lo que llamaríamos un rayao. O como se dice ahora: un friqui. Un tipo solitario que esconde un desorden imperceptible para los que le rodean y en un ambiente enrarecido. Un personaje enfermizo, aunque aparentemente resultón; atormentado, aunque educado y buen profesional. Vamos: el psicópata de las peliculas americanas que ud. ve en el cine, pero hace cuarenta años y aquí.

 

Así que ya saben: si quieren sorprender a sus amistades este verano, proyecten un pase privado de PF en la terraza de su loft con vistas a las carreras de F1 con toda su agenda de macizas top models y déselas de dandy otoñal homenajeando a Mayo del 68.

 

 

 

 

 

 


COMERCIALES Y PROMOCIONES

BIENVENIDOS A CABARETBIZARRO:
UN BLOG COMO ESTE PARA LECTORES COMO UDS.


PASEN Y LEAN (Y ENTÉRENSE)

¿Es el juego o el juguete?

Una vez medio repuestos de las fallas, semana santa, puentes y autopistas y tras haber hecho el burro como cuando teníamos 20 años, ha llegado el momento de ponernos serios y desasnarnos un poquito con la lectura de un artículo pues muy interesante y muy bien escrito que seguro que no les hará mal de leer.

 

Se trata de un breve texto periodístico de Roland Barthes escrito entre 1954 y 1956 y que, junto con otros muchos artículos más, se publicaron recopilados bajo el título de Mitologías en 1957. Estas mitologías de las que nos habla Barthes no son las del mundo clásico, y que a uds. les suenan de los dibujos de Ulises 31, no. Se trata de las mitologías del mundo moderno: los mitos, el lenguaje, el marco de pensamiento en el que nos movemos y que aceptamos de manera acrítica como si hubiera existido así siempre.

 

El autor, un estructuralista de la escuela de Annales, analiza algunos fenómenos sociales en la Francia de los años 50 del siglo XX. Un momento de despegue económico y de consolidación del estado del bienestar, similar al que hubo en España, como siempre, con unas décadas de retardo. Fenómenos como los anuncios de detergente, la cocina deconstruída, la ostentosidad de los automóviles, o el repentino interés de las clases medias y bajas por la enología (lo que se conoce como entender de vinos), o incluso el mismísimo pressing-catch son analizados por este semiólgo que disecciona la realidad de una sociedad capitalista boyante pero llena de contradicciones a partir de la observación de lo cotidiano. Estas contradicciones, no obstante son neutralizadas por el propio sistema, que se sirve de ciertos elementos (la publicidad, el cine, los juguetes, la escuela) para preparar a sus ciudadanos y modelar su espíritu para que luego de mayores traguen con lo que hay. Barthes lo explica bien clarito en este artículo sobre los juguetes. Por supuesto que donde él dice juguete francés, uds. pueden poner juguete eppañol, o lo que sea.

 

Y aunque el autor habla de los juguetes, piensen ahora en otra cosa: Disney. Si los juguetes prefiguran el imaginario del niño para un mundo utilitario, imagínense lo que pueden hacer a la hora de asignar valores. Las películas del Imperio Disney son vistas por millones de niños en todo Occidente (y por sus padres, y esto lo saben los que las hacen) y lo crean o no, están llenas de carga moral e ideológica aparentemente inocua: el hombre es cazador y la mujer recolectora; ser hombre es mejor que ser mujer; el hombre blanco es mejor que los otros hombres; si deseas algo de corazón, lo conseguirás. Y así con todos los tópicos.

 

Así que como no voy a decirles nada que no vayan a deducir uds. solitos leyendo este artículo, les dejo con este aviso: la próxima vez que vean a sus sobrinos o a los hijos de sus examigos viendo películas de Disney o jugando con prefiguradores-de-realidad Disney, cuéntenles algo de esto a sus padres.

 

Con todos uds. Roland Barthes:

 

El adulto francés ve al niño como otro igual a sí mismo y no hay mejor ejemplo de esto que el juguete francés. Los juguetes habituales son esencialmente un microcosmos adulto; todos constituyen reproducciones reducidas de objetos humanos, como si el niño, a los ojos del público, sólo fuese un hombre más pequeño, un homúnculo al que se debe proveer de objetos de su tamaño.

Las formas inventadas son muy escasas: algunos juegos de construcción, fundados en la tendencia a armar objetos, son los únicos que proponen formas dinámicas. En todos los otros casos, el juguete francés siempre significa algo y ese algo siempre está totalmente socializado, constituido por los mitos o las técnicas de la vida moderna adulta: ejército, radio, correos, medicina (maletines de médico en miniatura, salas de operación para muñecas), escuela, peinado artístico (cascos rizadores), aviación (paracaidistas), transportes (trenes Citroëns (sic), lanchas, motonetas (otra vez sic), estaciones de servicio), ciencia (juguetes marcianos).

 

Los juguetes franceses al prefigurar literalmente el universo de las funciones adultas prepara al niño para que las acepte, en su totalidad; le genera, aun antes de que reflexione, la seguridad de una naturaleza que siempre ha creado soldados, empleados de correos y motonetas. EL juguete entrega el catálogo de todo aquello que no asombra al adulto: la guerra, la burocracia, la fealdad, los marcianos, etc... Por otra parte, el signo de renuncia no es tanto la imitación, sino su literalidad: el juguete francés es como una cabeza de jíbaro, en la que encuentra, del tamaño de una manzana, las arrugas y los cabellos del adulto. Existen, por ejemplo, muñecas que orinan; tienen un esófago, se les da el biberón, mojan sus pañales; dentro de poco, sin duda, la leche se transformará en agua dentro de su vientre.

Así, se puede preparar a la niñita para la causalidad doméstica, “condicionarla” para su futuro papel de madre. Sólo que, ante este universo de objetos fieles y complicados, el niño se constituye, apenas en propietario, en usuario, jamás en creador; no inventa el mundo, lo utiliza. Se le prepara gestos sin aventura, sin asombro y sin alegría. Se hace de él un pequeño propietario sin inquietudes, que ni siquiera tiene que inventar los resortes de la causalidad adulta; se los proporciona totalmente listos: sólo tiene que servirse, jamás tiene que lograr algo. Cualquier juego de construcción, mientras no sea demasiado refinado, implica un aprendizaje del mundo muy diferente: el niño no crea objetos significativos, le importa poco que tengan un nombre adulto; no ejerce un uso, sino una demiurgia: crea formas que andan, que dan vueltas, crea una vida, no una propiedad (...) Pero esto es poco frecuente: de ordinario el juguete francés es un juguete de imitación, quiere hacer niños usuarios, no niños creadores.

 

El aburguesamiento del juguete no sólo se reconoce en sus formas, absolutamente funcionales, sino también en su sustancia. Los juguetes corrientes son de una materia desagradable, producto de un proceso químico, no de la naturaleza. Actualmente están moldeados en pastas complicadas; el material plástico muestra una apariencia grosera e higiénica a la vez, extingue el placer, la suavidad, la humanidad del tacto. Un signo consternante es la desaparición progresiva de la madera, materia que, sin embargo, es ideal por su firmeza y su suavidad, el calor natural de su contacto; la madera elimina, cualquiera que sea la forma que sustente, la lastimadura de los ángulos demasiado agudos, el frío químico del metal; cuando el niño la manipula y la golpea, ni vibra ni chirría, tiene un sonido sordo y limpio al mismo tiempo, es una sustancia familiar y poética, que permite al niño una continuidad de contacto con el árbol, la mesa, el piso. La madera no hace daño ni se descompone; no se rompe, se gasta; puede durar mucho tiempo, vivir con el niño, modificar poco a poco las relaciones del objeto y la mano; si muere, lo hace disminuyendo, no hinchándose, como esos juguetes mecánicos que desaparecen bajo la hernia de un resorte descompuesto. La madera hace objetos esenciales, objetos de siempre. Ya casi no se encuentran esos juguetes de madera, esos apriscos de los Vosgos, que eran posibles, es cierto, en los tiempos del artesano. Ahora el juguete es químico, en sustancia y en color; su material introduce una cenestesia del uso, no del placer. Además estos juguetes mueren muy rápido y una vez muertos no tienen, para el niño, ninguna vida póstuma.

 

 

Adios a Rafael Azcona

 
            ADIOS AL MAESTRO
 
RAFAEL AZCONA (LOGROÑO 1926- íd 2008)
[foto de la noticia]
 
 
       POR FIN SE ECHARÁN UNAS RISAS EN EL CIELO
 

no es lo mismo

 
SIN QUE SIRVA DE PRECEDENTE Y TENIENDO EN CUENTA EL PERIODO ESPECIAL EN QUE NOS ENCONTRAMOS, AHÍ QUEDA ESO.

Uno bueno y uno malo

Después de unas cuantas semanas más ajetreado de lo que me correspondía, por fin encuentro tiempo para dedicarme a trabajar de lo mío y colgar un post de esos que les gustan a uds., para aprender jugando. Un post ameno, pero bizarrote y que quiero dedicar a mis lectores más fieles, y en especial a Eloy, que él ya sabe quién es..

Hoy, para que se cumpla la máxima de que no te acostarás sin saber una cosa más, les voy a presentar la biografía de dos personajes para recordar: uno bueno y uno malo.

 

 

El bueno:

 

El bueno es ni más ni menos que, tachán, tachán, Charles Schulz. Charles Schulz es un hombre que, lo quieran o no, ha marcado una impronta indeleble en la historia mental del siglo XX. Si John Lennon dijo una vez que los Beatles eran más conocidos en el mundo que Jesucristo, podríamos decir sin miedo a errar que la obra de Schulz es sin duda más conocida que la del propio Leonardo. Porque ¿de quién hablamos cuando hablamos de Charles Schulz? Pues ni mas ni menos que del autor de uno de los iconos más representativos del siglo XX: Charly Brown, su perro Snoopy y toda la pandilla conocida como Peanuts, que uds. conocen de sobra.

No hace falta leer tebeos para saber quién es el niño triste del perro optimista. Como la imagen del Che de Korda, Charly Brown, y más aún, su perro Snoopy se han convertido en referentes visuales por sí solos que no necesitan de nada más para ser reconocidos.  La publicidad ha usado de estos personajes para anunciar cualquier tipo de productos: desde seguros para el hogar a llaveros.

 

Desde la pared de mi cuarto infantil dibujado sobre un trozo de fieltro, Charly Brown me vio dormir hasta casi mis veinte años. Su mirada triste y el ceño fruncido (seguramente la chica pelirroja no le había mirado) me hizo entender el alcance de la palabra saudade mucho antes de que supiera que existían los fados. Más tarde, durante mi juventud de tupés y vespinos azules, era algo típico que los fachas (incluso los muy fachas) pegaran en su moto la típica pegatina de Snoopy con una bandera de España. Pobre aviador as de la Primera Guerra Mundial!

 

Charles Schulz (Sparky para los amigos) nació en Sant Paul, Minnesota, donde  debió de pasarlas canutas durante su infancia y juventud en aquellas heladas llanuras. Imagínense: un joven alto y desgarbado, con una rica vida interior y buena mano para el dibujo, viviendo en un lugar remoto de la América cerearícola en plenos años 20. Los rednecks lo llevaban por la calle de la amargura y lo menos que le decían era maricón. A consecuencia de esos años de aislamiento y ensimismamiento, el pobre Schulz acabó siendo una persona depresiva y bastante insegura. O tal vez fuera el vivir rodeado de inmigrantes escandinavos (recuerdan Senolaff?) lo que marcó a fuego ese sentimiento trágico de la vida tan nórdico. Schulz quiso homenajear a su propia madre, que era noruega, en el personaje de Snoopy: snupi en noruego significa cariño.  Aunque él siempre se esforzó por dar de sí mismo una imagen hogareña y familiar, todos dicen que era una persona bastante distante. Yo tengo para mí que los que querrían dar una imagen hogareña del autor, serían los srs. de la editorial United Feature Syndicate, que además de presentar los Peanuts como unos tebeos para todos los públicos (eran, en realidad, para adultos, como los Simpson) le obligaron a cambiarles el nombre, ya que Schulz los había bautizado originariamente como Li’l Folks.

Durante toda su vida Schulz dibujó 17.897 tiras cómicas, que se publicaron en más de 2.600 periódicos en 75 países. Charles Schulz llegó a ser el dibujante vivo más rico del mundo. En su testamento dejó escrito que su última tira se publicara el día después de su muerte, en febrero de 2000, a causa de un cáncer de cólon.

 

 

 

El malo:

 

Su nombre es Thomas Middley jr. y deben huir de él como de la peste.

Nacido en Ohio y criado en los alrededores de la industria del motor, fue un ingeniero malo, un mad doctor al estilo de Lex Luthor.

Corría el año 1921 y nuestro pequeño malvado trabajaba para la General Motors Research Corporation en Dayton, Ohio, cuando descubrió que añadiendo un componente de su invención a la gasolina de los coches, se reducía considerablemente la trepidación y el traqueteo de los motores. Ese componente fantástico no era más que el plomo tetraetílico (o tetraetilo de plomo, que es lo mismo). Aunque el plomo se conocía desde hacía mucho y se sabía que era malo, pero malo de cojones, se usaba para infinidad de cosas en los años 20: latas de conserva, depósitos de agua, tuberías, tubos dentífricos, insecticidas.....y es que encima, resultaba tan barato de fabricar! que era imposible resisitirse.

 

Así que en 1923, General Motors, DuPont y la Standard Oil de New Jersey formaron la UTE Ethyl Corporation para fabricar el aditivo a base de bien. Eso sí, lo llamaron etilo, que sonaba mejor que plomo.

Los trabajadores del sector pronto empezaron a acusar los efectos del contacto con el plomo: temblores, confusión mental, delirios, sordera, insomnio, insuficiencia renal, ceguera, cáncer... Por supuesto que las fábricas encargaron y pagaron estudios y análisis que demostraban que el plomo era inocuo,  así que se siguió fabricando como si nada. Incluso nuestro antihéroe realizó numerosas demostraciones públicas y ante los medios en las que se exponía al plomo, lo tocaba, lo inhalaba y sonriendo, aseguraba que era inocuo, aunque por dentro, se cagaba.

Así, mientras unos decían que era malo y otros que era bueno, Thomas Middley jr se hizo multimillonario.

 

Un día, mientras tomaba un daiquiri en su piscina le dieron la mala noticia de que un primo suyo había tenido un percance doméstico con una nevera que había explotado. Estamos en los años 20 y los gases que hacen funcionar las neveras domésticas (en EEUU claro, porque aquí ni habían) son tóxicos, inestables e inflamables y eran frecuentes los accidentes. De modo que recordando que él era ingeniero se puso a darle vueltas al asunto hasta que dio con un tipo de gas que era seguro: estable, no inflamable, no corrosivo y además respirable. Acababa de inventar los clorofluorocarbonos o CFC.

 

Rápidamente estos gases se integraron en la vida cotidiana de occidente: aires acondicionados, neveras, pulverizadores, inhaladores, desodorantes, etc. multiplicando por mil los ingresos de nuestro malo..... hasta que alguien se dio cuenta de que tenían una pequeña pega: acababan con el ozono atmosférico. Y además acentuaban (acentúan) el efecto invernadero: una molécula de CFC es 10.000 veces más intensificadora del efecto invernadero que una molécula de dióxido de carbono. ¿Qué les parese amigos?

 

A causa de su contacto con el plomo durante tantos años, el tejido cerebral de Middley quedó seriamente dañado (el plomo es neurotóxico) y su capacidad motora fue atrofiándose cada vez más hasta que quedó postrado en la cama.

 

Como seguía siendo ingeniero, inventó una máquina automática a base de correas y poleas para levantarse, incorporarse y sentarse con una cierta autonomía.

Un buen día de 1944, cuando su asistente fue a despertarlo por la mañana, lo encontró en la cama, enredado con las correas, muerto y estrangulado por su propio invento.

 

La naturaleza es sabia y se autorregula.

 

 

 

 

MONDO BLOGGO

 
 .....¿¿Y QUE EL 99% DE LOS BLOGS SON TODOS IGUALES Y IGUAL DE MA LECSRITOS??.....

Fiestas de Verano

Ya es algo tangible e inexorable: el verano se acaba. Como decía Little Tony en su canción, la fine d’agosto, serà la fine de tutto. Pues entonces, menos mal. Ya apetecía un poquito de temperaturas suaves y noches fresquitas.

Septiembre, septiembre, mi més favorito.La rentrée (para los que se fueron) y el fin del infierno canicular, para los que nos quedamos.

Ahora a volver a la carga, con las energías renovadas y la piel morena y dispuestos a aguantar por lo menos hasta el verano que viene.

 

El verano que resién acabó ha resultado ser un verano insulso, como casi todo últimamente, plagado, eso sí, de eventos festivos y actos lúdico-culturales para consumo masivo y relleno de programas de fiestas para disimular. Los ayuntamientos y la empresa privada compiten por ocupar la mayor cantidad posible del ocio de los ciudadanos, no sea caso que con tanto tiempo libre les dé por hacer cosas raras. Los festivales de jazz, las filmotecas de verano, los ciclos de música sacra, alternan con las carreras populares, las verbenas, las torturas a animales, los torneos de juegos de mesa, los concursos de paellas....

 

Las fiestas populares en los veranos de España

 

El desfase.-

 

¿De qué hablamos cuando hablamos de fiestas populares? Puede que uds. estén pensando en la que se pegaron Gallardón y los suyos la noche del 27-M, o en la que se metieron los jóvenes de NNGG en un barco pagado por el erario público con destino a Ibiza para manifestarse a favor de la piscina de Pedro J. Pero no. No hablamos de esas. Hablamos de esas otras fiestas que durante los meses de verano azotan España entera y que son manifestaciones y expresiones de la idiosincrasia de un pueblo que ha padecido y sufrido mucho en esta vida, pero que aún siendo recio y viril, le gusta la diversión sana.

Porque vamos a ver, ¿qué hay de malo en arrojar una cabra viva desde lo alto de un campanario? Sí, sus razones tendrán (sin duda un día hace muchos años, el pueblo, harto de los abusos y mangoneos del cura lo arrojaría desde lo alto del campanario. Para conmemorarlo, en lo sucesivo se prefirió lanzar un chivo, símbolo del anticristo)

Claro que con la cantidad de fiestas que se basan en el maltrato a los animales, si todas simbolizan la rabia del pueblo contra la tiranía, qué historia más negra y más triste deben de haber tenido los españoles y qué malos gobernantes.

 

Frente a estas fiestas tristes y oscuras, y que tanto chocan con lo políticamente correcto de la España del s XXI, están por otro lado las fiestas de carácter ancestral, herederas de los misterios de lo sobrehumano, de los mitos y leyendas de cuando éramos apenas unos simios emergidos de un plato de sopa: los solsticios, los equinoccios, las hogueras, subirse a un palo a por un jamón (luchar por el alimento), etc... Estas fiestas, que se dan en todas partes, fueron convenientemente cristianizadas para que los españoles las pudieran disfrutar en su justa medida y dentro de un orden; así las Fallas, fueron en honor a San José, los encierros de Pamplona, en honor a San Fermín, la noche más corta del año, en honor a San Juan, y así con casi todas. Nacían así las fiestas patronales, y se colocaba de paso un elemento de mal rollo en lo que hasta entonces era la juerga del año: procesiones, via crucis, romerías, etc... y los quintos ahí, llevando al santo en andas tambaleándose, borrachos.

 

Por lo visto, para que la gente se divierta, y en especial la muchachada, hay que hacer fiestas que sean guapas y a lo bestia. A la gente cuando está de vacaciones en verano en el pueblo lo que le gusta es hacer el burro. Y que nadie les moleste ni se queje, que para eso estamos en fiestas. Por eso, muchas de las celebraciones que en el pasado eran algo pintoresco y como de antropólogos, hoy son fenómenos mediáticos que agolpan a multitudes y corresponsales de los cinco continentes.

 

Veamos dos ejemplos:

 

A mediados de los años 50 del s XX, un grupo de jóvenes de la bonita localidad de Buñol (Hoya de Buñol, VLC), seguramente quintos, o músicos de la banda, almorzaban fraternalmente en un bar del pueblo. Tras trasegar de valiente, y con los modales toscos pero francos, qué caray, de los jóvenes en la España rural de entonces, empezó un inocente lanzamiento de comida, como el que todos uds. han practicado en más de una ocasión. Por lo visto se lo pasaron tan pero tan bien, que al año siguiente se repitió el almuerzo con todo el mundo ya riéndose esperando el momento de poder tirar el trozo de pimiento frito al hijo del capataz. Al final, acabaron habiendo dos bandos que preparaban el acto y se lo pasaban pipa. La gente del pueblo iba a ver cómo aquellos zánganos almorzaban después de venir de borrachera de la Zurra de Requena. Poco a poco, la anécdota pasó a ser noticia curiosa, y después fenómeno de masas. Hoy en día, a fuer de ver la Tomatina por tv, es la fiesta más conocida fuera de sus fronteras. Participan miles de personas. Hay trenes especiales que llevan turistas tomateros. Se habilitan párkings para turismos. Se agota el tabaco en las máquinas. No se puede ni andar por la calle. Es imposible hacerse con un sitio cerca de la calzada para ni siquiera ver cómo otros se lanzan tomates. Todos van a empujones. Todos van sudados. Y sin camiseta. Es un milagro que no haya desgracias. Los camiones vierten al suelo toneladas y toneladas de tomate de buena calidad. Las casas ponen plásticos en las fachadas. Algunos clavan tablas de madera. En algunos balcones hay cámaras y periodistas japoneses y australianos. Hay MILES de personas en cuatro o cinco calles estrechas. Es un desfase.

 

La Zurra de Requena es igual, pero aquí lo que se reparte es directamente vino excedentario de la cosecha del año, en unos tractores-cuba. Los jóvenes, los mayores, hasta los niños, desfilan por las calles según un itinerario establecido, acarreando botellas, garrafas, vasos o cualquier cosa que sirva para contener líquido. Hordas de borrachines desfilan por las calles como zombies buscando su fluído vital. De toda España acuden sedientos. Los tractores van parando en los sitios establecidos y los de las cubas abren los grifos y llenan los continentes sin mirar a quién. Mientras se trasiega, y para amenizar la espera hasta el siguiente punto de avituallamiento, los recios ciudadanos de Requena han tomado la costumbre de lanzar agua desde los balcones a los bebedores. Los hay que la tiran con palanganas, pero los más la tiran con manguera como bomberos de Baco.

Es de ver cuanta holganza procura el lanzarse agua en tiempos de sequía.

 

Como consecuencia de semejante cogorza, pues se pueden imaginar. Se reparten toneladas de vino. Todo huele a vino. Hay meadas y vomitonas por todas las esquinas y yo llegué a ver una vez a una pareja de adolescentes arrodillados en el suelo en medio de un enorme charco de vino comiéndose la lengua, empapados y todavía con trocitos de tropezones de las vomitonas sobre sus camisetas. Amor sellado con vino no me convino.

 

Actualmente, la Zurra se celebra la víspera de la Tomatina, así que cualquier bruto que se precie de desfasarse como nadie en verano, tiene la obligación de asistir a ambos dos, el uno después del otro, y volver en septiembre al tajo para contar a los compañeros lo bien que se lo pasó buscando sitio para aparcar en Buñol y lo bonito que es el casco antiguo de Requena, aunque no recuerde nada de esa noche.

Los que escribimos esto que uds. leen, que hemos hecho el doblete en más de una ocasión, podemos dar fe de que se trata de una experiencia extrema que pone al límite la capacidad de aguante de cualquier humano medio. Vuelve uno como aturdido de tanta fiesta y tanto sindiós, aunque sin saber muy bien si se ha divertido o no.

 

 

La fiesta cultureta.-

 

Pero junto a estas fiestas tradicionales, frescas y cachondas, los ayuntamientos con un mínimo de decoro, programan, junto al concurso de Miss Camiseta Mojada, algún ciclo de música clásica en algún lugar emblemático del pueblo, como la ermita. Y si no lo hay, pues en el siempre socorrido y nunca bien ponderado Multiusos, recién inaugurado por el Ministro del ramo, el Director General, el Presidente de la Diputación, el diputado autonómico, el alcalde y el representante local en la sexta edición de Operación Triunfo. A estos conciertos no va nadie del pueblo y todos son de fuera. Y si van son cuatro: el maestro de la escuela, en su papel de humanista ilustrado heredero de los maestros republicanos españoles, su mujer, un inmigrante de alguna república ex-soviética que trabaja en la construcción y el concejal, que en el descanso, se va.

 

Si el responsable de la programación, por el contrario, es aficionado al jazz, no tengan duda de que en el pueblo habrá festival de jazz. Y si el presupuesto lo permite, habrán figuras internacionales, de ésas que cobran una pasta. En estos conciertos resulta muy difícil aparcar, porque los aficionados se enteran y acuden desde sus lugares de veraneo con el coche para ver, que sé yo, a un Herbie Hancock por 10 euros, y colapsan las calles del pueblo.

En cambio si la ciudad es importante y dispone de un enorme presupuesto, lo que hará será externalizar la gestión del festival, cediéndolo a una empresa privada que se encarga de las contrataciones, pero también de fijar los precios de las entradas, abonos, etc... Resultado: los conciertos del Festival de Jazz de VLC se hacen en el Palau de la Música (municipal) pero no salen por menos de 50 euros. Bueno, también hay otros resultados. La densa red de contratas, subcontratas, autónomos y free-lances que operan en esos ambientes hace muy difícil para la oposición y para la opinión pública, conocer el estado exacto de las cuentas municipales: en otras palabras, ver en qué se ha ido la pasta.

 

Pero bueno, si el festival es un éxito, y sale en la tele autonómica, y a la gente le gusta, y los tenderos de los alrededores están contentos, pues adelante. Y que no falte, oiga!

Al fin y al cabo, de lo que se trata es de cubrir un expediente que justifique los gastos de la concejalía y un mediano programa de actividades, y de entretener a la chusma para que estén distraídos y si puede ser, que les vuelvan a votar en las próximas elecciones.

 

Los macrofestivales de música moderna.-

 

Un capítulo aparte merecen los festivales de música, que proliferan como las medusas en el Mediterráneo, para beneficio de la tropa. A decir verdad, los macroconciertos veraniegos se merecerían todo un post específico, pero no va a ser el caso. Lo que empezó como una cosa muy moderna y como de avanzados, ha acabado convirtiéndose en un must en cualquier ayuntamiento que se precie de estar al tanto.

Y la chispa que prendió esa mecha fue, sin duda, el Festival Internacional de Benicàssim.

 

El FIB, que a mediados de los 90 irrumpió en la árida escena española, muerta a base de indie, encendió las luces de la modernidad e iluminó a los jóvenes españoles que por fín podían hacer lo que en otros países europeos: juntarse con mogollón de jóvenes más, irse unos días de casa en cámping, fumar canutos, ligar y ver buenos conciertos. El FIB, al principio, era una cosa como más de enteradillos, de gente con gustos abiertos y eclécticos, de estudiantes y gente que estaba en el rollo de la cultura de club: música electrónica, chill out, drogas sintéticas y mucha fiesta. Hoy en día, la peña va hasta de despedida de soltero (verídico)

 

Las condiciones de los primeros FIBs eran infrahumanas: Para empezar, su ubicación no era la de hoy en día. El recinto de conciertos estaba en el velódromo de la localidad. El cámping estaba bien lejos y los árboles eran tan pequeños que no daban sombra (los acababan de plantar). El Euromed pasaba regularmente a sus horas a toda velocidad y con gran estruendo a pocos metros del camping y la gente lo saludaba desde las tiendas. El calor era insoportable.

El cámping secundario, para cuando se llenara el primero, era directamente, un campo de fútbol de tierra. Ese fue el cámping que se arrasó durante el transcurso de la 3ª edición, que vieron estos ojitos en el año 97. Les cuento.

 

Durante la tarde del sábado, los cielos se abrieron y fue como si los siete mares se precipitaran sobre nuestras cabezas. Llovió como en Macondo. Los coches se movían solos por las calles empinadas. Los rayos caían en pleno casco urbano. Y en el recinto de conciertos, pues se pueden imaginar... la hecatombe. Se desprendió parte del escenario principal (sólo había dos) y se suspendió el Festival.

Pero lo peor fue para los que estaban en el camping, descansando, o a lo suyo. Literalmente el agua se llevó las tiendas. Se lo llevó todo. El campo de futbol donde estaba el camping se inundó como una piscina. Y los que estaban allí tuvieron que dormir en el polideportivo. Y Canal 9 haciendo sangre en los telediarios, y nuestras madres, acojonadas porque no sabían nada de nosotros (¿se imaginan? ¡No teníamos móviles!!! Y la tormenta cortó la línea telefónica normal.)

La verdad es que fue una gran putada. La organización, para compensar la pérdida ofreció un descuento a los que compraran las entradas al año siguiente, solución a todas luces, insatisfactoria, y que no se daría hoy en día ni de coña.

 

Lo cierto es que al principio, no había infraestructura para acoger a los miles de jóvenes que acudían al FIB. En la 3ª edición fuimos 13.000 abonados. Y en el recinto había 13 duchas. 1 para cada 1.000. Te tenías que pudrir de asco y de calor en la tienda hasta que te ibas a ver los conciertos. La gente se duchaba (con jabón) en las duchas de la playa. Y oías los comentarios de la gente que decía, joder, éstos, pobrecillos, están allí metidos muertos de calor y tienen que venir aquí a ducharse. O te ibas al estanco y había una cola que daba la vuelta a la manzana y cuando te tocaba, veías que la dependienta era una anciana de 90 años que se movía despacio y no llegaba a los estantes. Y no le quedaba de nada, claro. Y la gente del pueblo, ahí, aguantando la cola que le decían :¿qué, señà Paquita, como está la cosa, eh? y la vieja decía ai, que anem a fer?

 

Hoy en día todo esto es difícil hasta de imaginar. Se cuida al cliente de manera exquisita. El FIB ahora da gusto y es el mejor festival del mundo. Hay todo tipo de comodidades y actividades paralelas. Las zonas ajardinadas disponen de sillones, para echarse de puta madre. Hay pantallas gigantes por todas partes. Está bien señalizado y coherentemente. Hay cientos de miles de puestos de avituallamiento y no hay que sufrir colas. Pero si hasta hay todo un entramado de pequeñas cañerías que lanzan agua vaporizada para mantener una agradable temperatura ambiental. Un microclima!! Como el Papa.

 

Pues así, aprendiendo poco a poco, los organizadores se van curtiendo y consiguen convencer a las administraciones para que ayudaran en algo que deberían haber promovido. Los reparos iniciales a albergar a una muchachada, en principio temible, se disiparon cuando los balances de cuentas demostraron lo lucrativo que podía resultar apostar por un tipo de público que no era tan alborotador y que se dejaba mucho dinero en el pueblo. Los guiris, además,  venían a carretadas. Y lo alquilaban todo. Y llenaban hoteles, pensiones, hostales del pueblo y sus alrededores (y de casi toda la provincia) Enseguida aparecieron patrocinadores privados. Una marca de cervezas bautizó al FIB con su apellido. En toda Europa se ofertan vuelos baratos y caros para traer chavales de todo tipo. Claro, aquí, entonces pasa lo mismo que con la Tomatina: se masifica, y es un desfase.

 

Y ya no van sólo los freaks con gafas de pasta que oyen música rara en inglés. Ahora que todo el mundo lleva gafas de pasta, todo el mundo ha ido o va a ir a Benicàssim, aunque le importe un pijo la música. Para los ingleses, es su Shangri-La. Claro, que los platos fuertes de los carteles siguen siendo las estrellas del rock anglosajón, con el grupito británico de turno revelación del año/sucesores de los Beatles.

 

O sea, que ahora el FIB es tan grande y tan bueno, que hay oferta para casi todos los gustos, aunque dentro de un orden, lógicamente. Se puede flipar con la gente y olvidarse del sol y dejarse balancear por el buen rollo, viendo grupos alucinantes que uno pensaba que jamás podría ver. Aunque sea a las cinco de la tarde, como Os Mutantes. O descubrir esa maravilla que te deja noqueado a las ocho de la tarde, en el segundo día de FIB que ya vas así como un poco obnubilado, cansado del día anterior y con mogollón de paranoias, y ves a un adolescente que con una guitarra más grande que él grita y toca como un pequeño demonio, haciéndote bombear la sangre más rápido de lo normal, porque el tío tiene cuarenta minutos y quiere tocar el máximo repertorio posible y que los 5.000 ó 6.000 o más que tiene delante se compren sus discos o se los descarguen de internet. Y cuando te levantas para aplaudir y quitarte el sombrero, preguntas al de al lado qué quién es ése, y te dice OJGHERSALLERNCHE y tú alucinas. Sacas el programa de mano para buscarlo (y el excelente librito, que te jode toda la noche en el bolsillo, porque te lo quieres guardar) y lees SONDRE LERCHE, de Noruega. Y flipas.

 

Pues eso. Lo que les decíamos hace un rato: que ahora raro es el pueblo de este viejo País largo y estrecho (en realidad de toda la vieja piel de toro) que no tenga su propio festival de rock temático.  Los hay para todos los gustos: electrónica, melendis-manuchaos, ye-yés (...ahhhh, Gijón...!!!) de rock duro (bueno esto ya no se llama así, sino heavy, metal, trash, hardcore) donde actúa la legión de bandas patrias que cultivan el género y alguna estrella extranjera en decadencia (alguno de los Scorpions o la Bon Scott Band) para dar fuste.

 

El festival señero de este género es el Viña Rock, en Villarrobledo, Albacete, donde se ha consolidado como un referente nacional e internacional, aunque este año creo que cambia de ubicación para ir precisamente.....a Benicàssim, JAJAJAJAJA, ¿es que no había otro sitio?

 

El Viña Rock ha permitido a miles de jóvenes del interior que se asomen a la modernidad europea a base de bolsito en bandolera y gafas de pasta junto a botas militares y camisetas y bermudas negras. Y que el moderno de Aldea del Rey que en su vida ha hablao con una guiri, porque no la ha visto, pueda por fin poner en práctica sus rudimentarios conocimientos de inglés. Y es que ahora los chavales van a los festivales de música a lo mismo que iban antes a la mili: a salir y aprender. A divertirse y formarse.

 

Otro festival que nos gusta mucho es el FRA de Alaqüàs, donde la gente vota a lo largo del año por internet para pedir a sus grupos favoritos. Y dura dos días (sin alojamiento) y es absolutamente gratis. Allí hemos visto a Jon Spencer, Teenage Fanclub, Atom Rhumba, Rhinocerôse, Asian Dub Foundation, Mercury Rev,